Sunday, 18 April 2010

NARA



Hoy fui a Nara con Marine. Es la segunda vez que voy y en materia no vi nada muy diferente a lo que vi en la primera vez que fue. Pero la esencia era otra. No solo por que era una persona distinta la que me acompañaba si no por que la primera vez llovía y hacia mucho frio. Hoy hacia calor.
El templo más grande que he visto en Japón junto al Buda más grande visto por mis ojos, están en Nara.
Comimos mucho, como suele pasar con Marine que es de buen comer, caminamos, alimentamos a los venados que están por todas partes y que son una de las principales atracciones y características que tiene Nara. El día fue corto, pues el viaje es largo. Pero aprovechamos.
Cuando veníamos en el tren regresando a casa yo empece a toser imparablemente. No estoy gravemente enferma, pero toso en la via pública y contra todas las medidas de sanidad, me niego a usar un tapabocas o mascarita. Y en el tren, mi tos alejaba a los japoneses que relacionan la imagen de extranjero con la palabra enfermedad y concluyen en la destrucción y epidemia.
En la primer parada que hizo el tren después que nosotras subimos, la mitad del tren se bajo. Me gustaría pensar que todos los que se bajaron lo hicieron por que tenían que bajarse, pero el ver que algunos cambiaban de vagón me hizo pensar que no era así.
Una parada más tarde, mi tos no cesaba. Marine se reía y amenazaba con dejarme sola en el vagón, lo cual me hacía reir y toser más.
La señora que estaba sentada a mi lado buscaba algo en su bolso. Cuando lo encontró, toco mi brazo y con una sonrisa me ofreció un caramelo de naranja.
En la vida nos encontramos a muchas personas a las que deseamos entregarles nuestro amor, tiempo y alegrías. Muchas de ellas se asustan, se bajan antes, se cambian de vagón o de tren.
Pero hay otras que a pesar de los ¨riesgos¨ se quedan y te ofrecen un caramelo.

No comments:

Post a Comment